martes, 7 de mayo de 2013

Por qué urge una renta básica en plena crisis económica.

 Aquí, un artículo de Daniel Reventós, uno de los compañeros de Sin Permiso (la revista que hemos recomendado en muchas ocasiones) y miembro de Attac.

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5938

Sobre regulación política de los mercados y políticas económicas
Daniel Raventós · · · · ·

La renta básica (RB), una asignación monetaria incondicional a toda la población, es una propuesta que viene discutiéndose desde hace unas pocas décadas en ámbitos académicos, en distintos parlamentos y en algunos movimientos sociales, notablemente en el 15-M. Empezó a defenderse, aunque en círculos muy minoritarios, a mediados de la década de los 80 del siglo pasado. Muchos de los que defendemos la RB, consideramos que se trata de una propuesta muy recomendable tanto en las épocas de bonanza económica (sic) como en una de crisis depredadora como la actual. Pero, dadas las consecuencias para la gran mayoría de la población no rica en lo que respecta a las condiciones de vida y trabajo, la RB es una propuesta si cabe más necesaria en una situación de crisis.
Al mismo tiempo, aunque más necesaria como se argumentará, a la RB se la contempla como una propuesta más “difícil” políticamente. La RB apunta como un tema espinoso de difícil concreción política (tema “utópico”, como gusta a tantos decir) porque va, efectivamente, a contracorriente de las medidas de política económica que se están llevando a cabo desde el inicio de la crisis. Aunque acostumbran a proclamar justamente lo contrario tanto los gobiernos de la UE, como un buen número de académicos dogmáticos, así como los tertulianos campeones del totum revolutum, no existe una política económica neutra que beneficie a toda la población, o que sea necesaria adoptar para que “todos” salgamos beneficiados en el futuro, o que técnicamente sea la única razonable o posible o imprescindible.

Herramienta de política económica

Resulta hasta ridículo, si no fuera por las terribles consecuencias que ello tiene para gran parte de la población, el parloteo constante de los supuestos peligros de un gran déficit público que se ha convertido en algo de “sentido común” y es “lo que la ‘gente muy seria’ usa para proclamar su seriedad”, en certeras palabras de P. Krugman. Cualquier política económica es primero política y después económica, primero se decide (políticamente) a quién se va a favorecer y después se aplica la instrumentación (económica) que va a concretarlo. Por decirlo con el gran economista J.K. Galbraith: “[L]a economía no existe aparte de la política, y es de esperar que lo mismo siga sucediendo en el futuro.” Décadas después de haber sido escritas estas palabras, sigue sucediendo, por supuesto.

No existe el mercado en singular. Existen muchos mercados y con características muy diferentes entre ellos. El mercado de antiguos discos de vinilo, y el mercado financiero (si es que aquí está justificado hablar en singular) poco tienen en común, el de mercancías pornográficas y el de productos de la iglesia católica, aparentemente tampoco, etc. La configuración de un mismo mercado varía también históricamente. Mero ejemplo: la ley Glass-Steagall, vigente de 1933 a 1999 en EEUU, configuró unos mercados financieros harto diferentes a los modelados por la ley Gramm-Leach-Bliley que sucedió a la anterior. El mismo mercado tenía una configuración política distinta en uno y otro momento. Absolutamente todos los mercados están configurados políticamente y son producto de la intervención más o menos intensa, más o menos ausente, del Estado, mediantes legislaciones, normas, decretos y regulaciones. No se trata solamente de la mayor o menor regulación de los mercados, sino de cómo están configurados para favorecer a unos u otros grupos, a unas u otras clases sociales. Cualquier mercado es el resultado de opciones políticas que se concretan en determinados diseños institucionales y reglamentaciones jurídicas.
La RB debe entenderse como un componente de una configuración determinada de los mercados. La RB sería una medida de política económica para garantizar la existencia material de toda la población. Una alternativa bien clara a lo que hoy impera.
Y en una situación de crisis como la actual, ¿qué supondría la RB? Muy brevemente:
1) La pérdida involuntaria del empleo provoca una situación de gran inseguridad económica y vital. Perder el puesto de trabajo, pero disponer de una RB supondría afrontar la situación de forma menos angustiosa.
2) La RB podría cumplir un papel muy importante en la recomposición del interés colectivo de la clase trabajadora y en las luchas de resistencia tanto para quienes cuentan con representación organizada como para quienes están mal librados a una lucha personal.
3) La auto-ocupación, así como la organización cooperativa, se facilitarían con la RB. La RB, además de suponer un instrumento que aumentaría las posibilidades de la auto-ocupación, representaría una mayor garantía para poder hacer frente, aunque fuera parcialmente, a quienes no tuvieran éxito con su pequeño negocio.
4) Una de las consecuencias más señaladas de la RB sería la gran mitigación de la pobreza. Inclusive permitiría de manera realista plantearse su efectiva erradicación. Además constituiría un soporte de protección para no recaer en ella.

5) Un tema muy debatido frente a la crisis es la necesidad de sostener el consumo de la población. De hecho, muchas familias tuvieron en los años del boom una capacidad de consumo por encima de sus ingresos laborales gracias a la inflación de precios de activos financieros y de créditos, especialmente hipotecarios pero también de consumo. Con los ataques continuados a las condiciones de vida y trabajo de la gran mayoría de la población, no sólo se terminan esos ingresos sino que los reducidos ingresos laborales tendrán que utilizarse en parte para pagar la deuda acumulada. La RB es sin duda un estabilizador del consumo fundamental para sostener la demanda en tiempos de crisis, especialmente para los grupos más vulnerables, y de este modo evita la ampliación de las brechas de desigualdad económica y social.
Redistribuir la riqueza
La característica más conflictiva o contraintuitiva de la RB, su incondicionalidad, es a su vez la que mejor la blinda contra algunas críticas que pueden ser correctas dirigidas a las asignaciones monetarias públicas condicionadas. Así, críticas que históricamente se han dirigido a los subsidios condicionados (ejemplos de los cuales son el seguro de paro, el plan de empleo rural, los PIRMIS de distintas comunidades autónomas…) como que “la gente no trabajará”, “favorecen la economía sumergida”,  “tienen altos costos administrativos”… solamente con que se comprenda cabalmente la RB, se verá que no son aplicables a la misma. Quedan aún otras críticas importantes como el “altísimo coste de financiación” de una RB. Existen estudios publicados que muestran cómo puede financiarse una RB mediante una integración de la política fiscal con la social y que supondría, ¡por una vez!, una redistribución de la riqueza de los más ricos al resto de la población.
La RB es una medida contra pobreza, pero no únicamente. La RB posibilitaría que toda la población tuviera la existencia material garantizada. Sin esta existencia garantizada no hay posibilidad de libertad. Sin libertad, no hay democracia. Y la democracia está amenazada cuando junto al creciente número de personas sin existencia garantizada coexisten unos pocos grandes poderes privados que acumulan inmensas fortunas. Lo expresó inmejorablemente el que fue juez estadounidense de la Corte Suprema de 1916 a 1939 Louis D. Brandeis: “Podemos tener democracia o podemos tener la riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas”.
Daniel Raventós es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de sinpermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas (y respuestas) más frecuentes (El Viejo Topo, 2012).

lunes, 6 de mayo de 2013

Sobre la privatización de la sanidad.

Como todos los datos que podamos mostrar pueden verse resumidos en un caso que sirva de ejemplo, compartimos aquí con todos el siguiente testimonio:







La Sanidad Publica, Universal y de calidad es un derecho de todos, y un deber de todos también. Así que todos debemos esforzarnos en defenderla por todos nosotros y por todos los que la necesiten aún más. Por principios. Por solidaridad y por justicia.

La Catástrofe de Bangladesh


Incluimos aquí este texto, publicado por la revista Sin Permiso, que recomendamos, y que podéis leer en el enlace que indicamos a continuación. Sólo un aspecto queremos destacar: No es una tragedia. Las tragedias no pueden evitarse y esto podría haberse evitado de cientos de formas distintas. Pero todas pasaban por incrementar la justicia y la solidaridad de nuestro sistema social:


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5939

Bangladesh y la explotación de los trabajadores. Dossier
Jorge Yabkowski · Deborah Orr · Maha Rafi Atal · Vijay Prashad · ·
05/05/13




Este Dossier sobre Bangladesh consta de los siguientes textos:

1) Jorge Yabkowski: ¿Cuán lejos estamos de Bangladesh?
2) Deborah Orr:  De Tejas a Dhaka, la explotación económica sigue derramando sangre
3) Maha Rafi Atal: La tragedia de la fábrica de Bangladesh y los moralistas de la economía explotadora
4) Vijay Prashad: Los trabajadores de Bangladesh necesitan algo más que boicots


¿Cuán lejos estamos de Bangladesh?

Ruman es uno de los 5 millones de niños que trabajan más de 6 horas al día en Bangladesh. Su sueldo no sobrepasa los 12 euros mensuales. "Salgo a jugar cuando se va la luz en la fábrica”, cuenta. (1)
Sin zapatos. Sin guantes. Ni cascos, ni lentes de protección. Así cada día se enfrenta Ruman a su jornada de trabajo. Él ya es uno de los trabajadores más veteranos del galpón 2, donde comenzó hace 5 años, cuando apenas alcanzaba los 7.
Al escuchar la sirena a la siete de la mañana, Ruman corre cada día hasta la puerta de la fábrica, que no es más que un galpón improvisado de tres pisos, en el que se reporta una temperatura promedio de 40 grados, combatida por dos ventiladores huérfanos de la mitad de sus aspas. La luz natural suele colarse con timidez por las cuatro ventanas dibujadas en las paredes y que han sido tapadas por grandes carteles de distinta publicidad electoral.
Esta improvisada empresa es una de las 600 que funcionan en la capital de Bangladesh, donde los niños entre 5 y 12 años representan la mano de obra más barata del mercado. El Ministerio del Trabajo asegura que sus sueldos equivalen al 30 por ciento del presupuesto familiar.
En Bangladesh, Pakistán, India y China se fabrica el 70 por ciento de la ropa del mundo. En la semana de la salud y la seguridad en el trabajo, cuando estaba comenzando el Encuentro Nacional de Salud laboral de la CTA una de estas factorías infames que fabricaba ropa para Mango, Wall Mart y otras marcas de occidente se derrumbó en Bangla Desh provocando más de 500 muertes entre los trabajadores.(2) La cifra final, una vez que termine la remoción de los escombros, puede llegar a 1000, igual a la cifra oficial de muertos por accidentes de trabajo de nuestro país en un año. Los obreros muertos ganaban un promedio de 38 euros por mes. Una sola prenda  de Mango en la quinta avenida de Nueva York puede costar tres o cuatro veces tanto.

¿Bangladesh está lejos de la Argentina?

Casi al cierre de nuestro Encuentro Nacional pudimos ver el video producido por ATE sobre la explosión en la Universidad de Río Cuarto. La multinacional belga SET y la aceitera General Deheza introdujeron sin autorización en la planta piloto varios tanques de hexano. Estudiando bio combustibles para maximizar sus ganancias provocaron la muerte de ocho trabajadores (investigadores, profesores, alumnos, personal auxiliar).
¿En qué se diferencia SET de Mango? ¿En qué se diferencia Aceitera General Deheza de los patrones bengalíes? Solo en el número de muertos que cargan sobre sus espaldas.
En el comienzo del encuentro recordamos a Andrea y Margarita, las compañeras muertas en Areco por una infección por legionella, bacteria intrahospitalaria que estaba en los splits del aire acondicionado. La ausencia de higiene y prevención en Areco ¿en qué se diferencia de la fábrica en la que trabaja Ruman, el niño bengalí? Solo en la profundidad y extensión de la mugre.
 El 22 de abril el gabinete de Bangladesh bloqueó una ley que tendía a mejorar las condiciones de trabajo desastrosas que imperan en el país. Lo hizo por presión de las multinacionales, que amenazaron con irse a otra parte si les imponían mínimas condiciones de salud laboral. El 24 se vino abajo la fábrica.
Frente al proyecto de ley de salud laboral de la CTA basado en la prevención que presentara el año pasado el compañero Víctor de Gennaro  el gobierno se apuró a sancionar, con apoyo del PRO (macrismo),  la ley 26557 redactada en conjunto por Jorge Brito y Horacio de Mendiguren, en nombre de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación de Bancos. ¿Hay alguna diferencia entre la actitud  del gobierno bengalí y el de Cristina Kirchner?
El 26 de abril con tres días de duelo nacional, la industria de la confección en Bangla Desh se paralizó. Los trabajadores cortaron cinco de las principales autopistas y se movilizaron al centro de Daca exigiendo seguridad y castigo a los culpables de la masacre.
El 24 de octubre de 2012 CTA y CGT rodeamos al Congreso en una movilización multitudinaria para rechazar el proyecto del gobierno, la UIA y la Asociación de Bancos.

No estamos tan lejos de Bangladesh.

 Según la OIT, anualmente se producen 2,34 millones de muertes de origen laboral en el mundo, de las cuales 321.000 son producidas por accidentes de trabajo. La pérdida de 2,02 millones de vidas se produce a consecuencia de enfermedades relacionadas con el trabajo, aunque esta relación quede oculta. Es decir, 6.410 muertes diarias.
De todos estos temas hablamos en nuestro Encuentro Nacional 150 compañeros de 14 provincias. Volvimos a la carga re-presentando nuestro proyecto de ley el 25 de abril. Esta vez con una mesa con la presencia de Víctor, pero también de Leonardo Fabbre de la CGT. Se ampliaron los apoyos respecto al 2012. Entre los nuevos firmantes del anteproyecto está Facundo Moyano.
El plan de trabajo aprobado en el encuentro incluye seguir avanzando en la elección de los delegados de prevención. Culminará el 7 de Octubre, día mundial del trabajo decente en una Jornada de acción nacional contra la precarización y la violencia laboral.
Aquí, en Bangladesh y en todo el mundo la batalla por la salud laboral es una parte esencial de la lucha contra la voracidad del capital. Y esa batalla no se concibe sin la movilización unitaria de toda la clase trabajadora.

Notas:
2.Cientos de trabajadores de la confección mueren en Bangladesh, Rory O´Neill. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5917


Jorge Yabkowski es Secretario de Salud Laboral de la CTA. Presidente de la Federación de Asociaciones Sindicales de Profesionales de la Salud de la República Argentina.
De Tejas a Dhaka, la explotación económica sigue derramando sangre


Ya se trate de una explosión en una fábrica de fertilizantes en los EE. UU. o del derrumbe del edificio de una fábrica en Bangladesh, se tiende a dar noticia de las catástrofes industriales casi como si se tratase de un desastre natural. Un individuo que lleva a cabo una matanza a tiros o pone una bomba, eso sí que son noticias, eso es censurable, eso es merecedor de justicia para las víctimas. Pero cuando la culpa la tienen las empresas, el dedo acusador se juzga menos importante. Lo que resulta extraño, en cierto modo. La humanidad nunca puede decir con plena seguridad qué gentes perturbadas o enojadas son verdaderamente peligrosas.

Pero una buena gestión del riesgo industrial es notablemente conseguible. Una explosión en la West Fertilizer Company de Tejas hace unos días [el 18 de abril] mató a 14 personas e hirió a muchas otras. ¿Fue solo un terrible accidente que no podía haberse previsto?

Quizás. Pero la fábrica había sido multada por los reguladores norteamericanos debido sus chapuceras disposiciones, razón por la cual tuvo que apoquinar sólo 5.250 dólares.

En el año 2006 se investigó a la empresa después de recibir “quejas a causa de los olores”. Se descubrió que había estado utilizando materiales controlados sin autorización. Rellenando una solicitud para poder utilizar legalmente esas substancias peligrosas, en lugar de hacerlo ilegalmente, resolvió la cuestión. Mirando hacia atrás, estas intervenciones por parte de los reguladores parecen bastante irrisorias, aunque las razones del accidente no se han determinado todavía.

Sin embargo, la empresa matriz, Adair Grain Inc, va a ser llevada a juicio por compañías de seguros en nombre de una serie de particulares, en una demanda que afirma que la empresa "obró de modo negligente en lo tocante al funcionamiento de sus instalaciones, creando una situación irrazonablemente peligrosa, que acabó provocando el incendio y la explosión".

El derrumbe de una fábrica textil de ocho plantas esta semana en Dhaka es un desastre de mucha mayor envergadura. El viernes [26 de abril] se habían extraído más de 2.000 cuerpos de los escombros, casi 300 de ellos muertos. Las estimaciones sugieren que puede haber llegado a 5.000 el número los trabajadores en el edificio. Los testigos han declarado que se les dijo que volvieran al trabajo tras informar de la aparición de una grieta en uno de los muros. No se puede evitar preguntarse si acaso se trata de un edificio que nunca fue construido para soportar el peso de 5.000 personas más su maquinaria.

Está claro que la dirección no había prestado atención a la muerte de 112 trabajadores en una fábrica de confección de ropa en un barrio cercano, Ashulia, en noviembre pasado. Se declaró un día de luto en Dhaka por los fallecidos, pero pocos meses después se ha producido un desastre mayor con más víctimas. Esta vez se declaró un día de luto en todo el país.

No hace falta ser un científico sofisticado para entender lo que está pasando en Bangladesh. Se trata del segundo exportador mundial de prendas de vestir después de China. El secreto del éxito en ambos países es que un trabajo barato y cualificado elabora una ropa de excelente calidad, pero se vende al por menor a precios que son una minucia en Occidente. El salario mensual de la industria textil de Bangladesh puede llegar a ser de sólo 25 libras esterlinas, mientras que con 25 libras se pueden adquirir tres bonitas prendas en cualquier calle comercial de Gran Bretaña. Primark ha confirmado que uno de sus proveedores trabajaba en el edificio, mientras que Matalan afirma que había utilizado empresas ubicadas en el edificio en un pasado reciente. Nuevamente, nada hay que nos sorprenda. Los grupos de presión han estado tratando de nombrar y afear a los proveedores occidentales para que impulsen los niveles de salud y seguridad de los trabajadores del mundo en desarrollo con cierto éxito, pero no todo lo que desearían.

Hay una escuela de pensamiento que cree que la explotación en curso es culpa enteramente de la industria de la moda. Pero eso no es del todo cierto. Si preguntamos a los diseñadores de moda si preferirían adquirir cada temporada una o dos piezas cuidadosamente escogidas de entre colecciones de calidad superior o un montón de gangas de calle comercial todos los meses, se decantarían encarecidamente por la primera opción. Es algo así como afirmar que los cocineros más famosos son la razón por la que hay establecimientos de pollo frito. Los minoristas de las calles comerciales ofrecen una aproximación de pacotilla de las elaboradas colecciones de moda de calidad, una experiencia de gratificación excitante para el consumidor que resulta un tanto desesperada, muy parecida al envase grasiento que ofrece cierta comodidad, pero no mucho alimento. Comprar cosas constantemente es una afición occidental, adictiva pero insatisfactoria. Llena el tiempo sin exigir compromisos ni destrezas.  

El horror cotidiano de la sociedad postindustrial estriba en que descualifica y vuelve pasiva a aquella gente que otrora habría estado fabricando aquellos cosas que ahora compra en cambio en las tiendas. Y solo se pueden permitir comprar esas cosas porque la gente de otros países no puede permitirse decir que “no” a fabricarlas en condiciones que hoy se consideran – justamente – inaceptables aquí. La gente compra esos productos porque están a precios baratos que se convirtieron en la némesis del antiguo “taller del mundo” [expresión para referirse a la Gran Bretaña victoriana].

Mucho se ha valorado la capacidad de la globalización para extender la riqueza. En realidad, se trata de un proceso endemoniado que recompensa a una población explotable hasta que se vuelve demasiado grande para sus zapatos, y a la que deja luego tirada, con el producto tan solo del siguiente grupo de víctimas para mantenerse a flote. Con el tiempo, la gente de Bangladesh logrará condiciones de trabajo decentes, como las lograron los trabajadores de la Gran Bretaña industrial. Y entonces también ellos comprarán prendas de ropa baratas hecha en fábricas remotas en las que no serán ellos los que trabajen.

Lo que está sucediendo en la actualidad es un vasto reajuste de seres humanos y de sus categorías económicas. Los niveles generales de vida todavía se predican ampliamente de la parte del mundo en que vivimos nosotros. Pero la globalización difunde una relativa pobreza lo mismo que una relativa riqueza. Al final, los pobres del mundo y los ricos del mundo lo tendrán todo en común unos con otros y nada en común con sus vecinos y compatriotas.

Puede verse ya, no sólo en la condena de la "dependencia de prestaciones sociales" sino en la demanda de empresas para la inmigración, por mucho que sea el dolor de cabeza que les plantea a los políticos. Lo vemos en la clase de los consumidores de China, que afluye a las tiendas occidentales de "moda asequible”, como Zara y H&M, que florecen en Asia como margaritas en un parque. Se ve en la forma en que dos fábricas, en dos partes del mundo que a primera vista no podrían tener menos que ver, acabaron causando la muerte de un grupo de empleados.

Y se ve, por supuesto, en la continuidad de las luchas económicas, a medida que el equilibrio de poder se escapa del mundo desarrollado al mundo en desarrollo, en un masivo ajuste estructural. Es una paradoja que la Unión Europea aparezca como culpable principal en buena parte de esto.. Cualesquiera que sean sus fallos, sigue representando el mayor experimento en igualdad transfronteriza que se haya visto alguna vez en el planeta. Y sin embargo, nunca ha sido menos popular entre la población de los países miembros. ¿Qué solución puede haber, sin embargo, si no forma parte de ello el intento de crear una igualdad de condiciones comerciales en países en situación económica diversa?

Hasta que los seres humanos no se den cuenta de que la explotación económica sistemática es tan cruel y disociada como disparar un arma de fuego contra un grupo de extraños, seguirá habiendo sangre. Mucha sangre.

Deborah Orr es columnista del diario británico The Guardian.

The Guardian, 26 de abril de 2013

La tragedia de la fábrica de Bangladesh y los moralistas de la economía explotadora


Tras el derrumbe de una fábrica la semana pasada en Dhaka, ha aparecido un peligroso  argumento que circula por la blogosfera. El argumento, al que han dado voz medios tan diversos como Slate [revista electrónica norteamericana] y The Spectator [veterana revista conservadora inglesa], es que los beneficios económicos de la economía de las fábricas de explotación laboral [conocidas en inglés como “sweatshops”, literalmente “talleres de sudor”] rebasan la preocupación por los derechos de los trabajadores de los talleres.   

Estos talleres, dice el argumento, no pagan gran cosa (cerca de 40 dólares en Bangladesh), pero pagan bastante más que la agricultura de subsistencia, principal alternativa a disposición de los trabajadores pobres en los países en desarrollo. El atractivo de un mayor salario, horarios más regulares y la independencia, en el caso de las mujeres, atrae a los trabajadores de zonas rurales a los barrios miserables de las ciudades en busca de trabajo en las fábricas. La globalización, y con ella la deslocalización del trabajo manufacturero de los países ricos a los pobres, ha sacado a millones de personas de la extrema pobreza (definida como vivir con menos de 1 dólar al día). Cerrar totalmente estas fábricas de explotación sólo conseguiría aniquilar estos logros.

Esto es verdad hasta cierto punto. Pero no se sigue de ello que no se pueda mejorar el modelo.

El argumento en favor de estas fábricas se ve favorecido, por supuesto, por una derecha contraria a la regulación, pero se encuentra reflejado en una izquierda que intenta asimismo imponer una falsa elección entre aceptar estas fábricas y no tener fábrica alguna. Los activistas contrarios a estos talleres envuelven a menudo su crítica de estas fábricas en una crítica más amplia de la globalización. Presionar a favor no sólo de mayores niveles de seguridad sino también de salarios que se equilibren con los del mundo desarrollado constituye una táctica que tendrá el efecto de clausurar en su conjunto las manufacturas del mundo en desarrollo. Las empresas necesitan ahorrarse algún dinero en trabajo con el fin de justificar el coste adicional de fabricar en el extranjero.

Desde luego, muchos activistas contrarios a estas fábricas estarían encantados de que cerraran, se revirtiera la globalización, y los empleos de manufacturas volvieran a Occidente. Eso es lo que hace difícil tomarles en serio cuando afirman tener como interés lo mejor para los bangladeshíes.  

Por el contrario, los activistas han de separar la cuestión del declive industrial de Occidente (y de qué hacer con sus estancadas economías postindustriales) de los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores industriales del mundo en desarrollo. Tienen que abogar a favor de una globalización mejor y más humana, no en contra de la globalización en su conjunto.  

Esta defensa tendrá que incluir una distinción entre los salarios, que no han de ser los mismos en todas partes, y los derechos de los trabajadores, que sí deben ser iguales. El coste de la vida  en Bangladesh es bastante más reducido que en los Estados Unidos o Europa; los activistas deberían presionar para que los trabajadores bangladeshíes ganaran salarios que guardasen relación con el coste de los alimentos y la vivienda en el país. De acuerdo con las organizaciones sindicales, debería ser como mínimo de 60 dólares mensuales.

Sin embargo, si el coste de la vida varía de un lugar a otro, lo que una vida cuesta y vale debería ser igual en todas partes. Por esa razón, todo trabajador merece un puesto de trabajo que sea limpio y seguro, así como el derecho a organizarse para protegerse de los abusos. Cuando Matt Yglesias, de Slate [1], sostiene que las muertes de los trabajadores están justificadas, en efecto, por la pobreza del país (su eufemismo para ello es que los trabajadores de Bangladesh están dispuestos a aceptar "opciones distintas [de las de los trabajadores norteamericanos] en el espectro de riesgo-recompensa"), hace equivalente el coste de una vida con el coste de la vida, confundiendo el valor humano de una persona con su estatus socioeconómico. Eso está mal.

Los argumentos aducidos por los comentaristas, tanto a favor como en contra de estas fábricas, dan por hecho que el status quo es bueno para las empresas. El trabajo barato es indudablemente una bendición para las empresas, pero los baremos de mala calidad no lo son. Los edificios que se vienen abajo o son presa del fuego, los lugares de trabajo poco higiénicos en los que los trabajadores caen enfermos de forma regular…suponen interrupciones en la producción y pérdida de ingresos. También significan mala prensa y la caída del valor de las acciones, que es la razón por la cual las empresas occidentales se proveen de una plausible capacidad de negar cualquier vínculo con estas fábricas cuando acaece un desastre.  

Para muchas multinacionales, el problema ha consistido en que mantener gestores “in situ” en cada país resulta prohibitivamente caro. Han optado en cambio por complejas cadenas de suministro en las que hay decisiones clave en manos de contratistas independientes que no responden ante los accionistas. Las tecnologías modernas sobre datos pueden cerrar este resquicio: nuevas empresas como SourceMap pueden ayudar a las empresas a gestionar sus cadenas de suministro más directamente. Ese tipo de transparencia es bueno para las empresas lo mismo que para los trabajadores.

Acaso el aspecto más insidioso del debate sobre los talleres de explotación laboral, no obstante, es el modo en el que los comentaristas ofrecen alegremente una descripción del status quo como defensa del mismo. Los trabajadores de Bangladesh escogieron  estos empleos, y los escogieron sobre la base racional de que estos puestos de trabajo pagan mejor que las alternativas disponibles. Así pues, los comentaristas favorables a estas fábricas, como Alex Massie, de The Spectator [2], argumentan que estos lugares deben ser cosa buena. Pero, ¿qué libertad hay en esa elección cuando en la alternativa – agricultura de subsistencia – se gana menos de 1 dólar al día, un salario que las Naciones Unidas consideran el umbral de la pobreza extrema?

Si la elección es "libre" sólo en el sentido más formal, entonces ¿por qué deberíamos asumir que es buena?

Ese es el problema del discurso económico moderno y su principal protagonista, el homo economicus. No se trata simplemente de que los expertos se muestren reacios a encarar las cuestiones subjetivas que rodean a la toma de decisiones. Es que el pensamiento positivo – centrarse en cómo se toman decisiones más que en si esas decisiones son buenas – está siendo substituido por el análisis normativo.

Si se asume que todos los seres humanos son igualmente libres y racionales en sus opciones elegidas, si somos todos homo economicus, entonces todas las elecciones que hagamos deben ser buenas. En lugar abordar cuestiones morales, asignamos valor moral al modo como son las cosas, y al hacerlo, perdemos la capacidad de imaginar un mundo mejor.

[1] “Different Places Have Different Safety Rules and That´s OK”, Matthew Yglesias, Slate, 24 de abril de 2013.

[2] “In Praise of Sweatshops”, Alex Massie, The Spectator, 26 de abril de 2013.    

Maha Rafi Atal es periodista independiente y directora ejecutiva de Public Business, una organización sin ánimo de lucro en defensa del periodismo económico en interés público.

The Guardian, 29 de abril de 2013


Los trabajadores de Bangladesh necesitan algo más que boicots



Cuando se difundió la noticia del derrumbe del edificio cerca de Savar, no lejos de Dhaka, la capital de Bangladesh, los trabajadores salieron en tropel de las fábricas de endeble construcción dispuestos a ayudar en las labores de rescate…y dispuestos también a destrozar coches y levantar barricadas en las calles. Sentían en igual medida compasión por sus compañeros trabajadores e ira por el sistema sin rostro que reduce su vida diaria a horas confeccionando prendas de ropa y minutos para descansar. No les detuvo el miedo al castigo de la policía. Necesitaban estar en las calles, registrar su viviente humanidad ante un mundo que solo los veía doblados sobre sus máquinas o como cuerpos muertos que sacan de entre los escombros de un desastre. Los trabajadores con sangre en las venas son una visión poco familiar.

Los propietarios de las fábricas se apresuraron a cerrrar sus unidades subcontratadas y buscar refugio detrás de Atiqul Islam, presidente de la Bangladesh Garment Manufacturers and Exporters Association (BGMEA – Asociación de Exportadores y Fabricantes de Ropa de Bangladesh). Este hombre demostró poco interés por los heridos y los muertos. Estaba preocupado por “las alteraciones de la producción debida la agitación” y declaró que la violencia de los trabajadores era "otro duro golpe a la industria de confección de ropa". Es de esperar que esos funcionarios se muestren consternados por las fábricas paradas y los trabajadores intranquilos. Cada segundo que están las máquinas inmóviles les cuesta dinero. La benevolencia es un negocio caro.

El sindicalismo y el activismo político de izquierdas ya tenían profundas raíces en Bangladesh en el momento de su nacimiento en 1971. En lo que había sido una provincia oriental de Pakistán, los centros de lucha anticolonial se transformaron en movimientos sindicales y socialistas. De esas corrientes nació la Liga Awami de Sheikh Mujibur Rahman, que dirigió el esfuerzo hacia la independencia. Esa herencia sigue estando en el calendario: el Primero de Mayo es fiesta nacional.

Sin embargo, la privatización de la industria y las funciones del Estado comenzaron en serio en 1975, y tomaron impulso en los 80. Ese fue el periodo en el que el gobierno decidió que Bangladesh iba a convertirse en un nexo de la cadena global de mercancías de manufactura de ropa, que contabiliza el 80% de sus ganancias de exportación. Se crearon las Zonas de Procesamiento para la Exportación (ZPE), en las que se prohibieron las organizaciones sindicales. Con ello se atrajo a las firmas multinacionales de ropa a  Bangladesh, que llegaron a acuerdos con subcontratistas locales, que a su vez controlaban la producción con márgenes muy estrechos. La única salida a las quejas de los trabajadores por las miserables condiciones que se veían obligados a soportar eran los anárquicos estallidos de violencia. Así es cómo los empleados expresaban su ira, y esto proporcionó a los gestores de las fábricas lo mismo que al gobierno la excusa para endurecer su celo represivo sobre las vidas de los trabajadores.

La contracción del crédito que se inició en 2007 melló este modelo dirigido a la exportación favorecido por el Estado bangladeshí. Una menor actividad en las tiendas del norte global condujo al despido de una cuarta parte de los trabajadores de la ZPE de Dhaka. En los últimos dos años, los trabajadores de Bangladesh han salido a la calle para protestar por los despidos de sus compañeros.

Los trabajadores de Ashulia se echaron a la calle porque uno de los suyos – se informó de un tal “Salman” – había sido detenido. Su protesta se topó con la policía y un hombre resultó muerto por arma de fuego. Los trabajadores de Narayanganj se declararon en huelga después de que una de las empresas despidiera a 126 empleados. Cuando los dirigentes de la huelga fueron atacados por matones que según se cree habían sido contratados por los propietarios de las fábricas, los trabajadores respondieron demoliendo Kolapatti, un mercado en el que los rufianes tenían su cuartel general. Mientras se desarrollaba esta lucha, la Fábrica de Confección Tazreen acabó envuelta en llamas, lo que causó la muerte de 125 trabajadores. Miles y miles más salieron airados a la calle, pidiendo la cabeza de los propietarios y condiciones laborales más seguras.

Estas acciones no constituyen un fenómeno nuevo sino que se remontan a una militancia que data de la década de 1920. En aquellos primeros años, los movimientos de trabajadores podían desarrollarse a partir de una resistencia espontánea. Sin embargo, esto resulta hoy más difícil debido a las condiciones laborales de anomia en las que a los sindicatos les resulta duro organizarse y la represión policial es intensa. Tras los disturbios de Ashulia y Narayanganj, el gobierno creó una célula de gestión de crisis y una fuerza de policía industrial, pero no para supervisar las leyes laborales. Su tarea consistía en espiar a las organizaciones de trabajadores.

Pese a la dificultad de atraer a trabajadores mal pagados y exhaustos a reuniones sindicales, la Federación Nacional de Trabajadores de Confección de Ropa y el Centro Sindical de Trabajadores de Confección de Ropa, de dirección comunista, siguen todavía activos. Las ONG también han entrado en la refriega, sobre todo el Centro para la Solidaridad de los Trabajadores de Bangladesh, una iniciativa respaldada por sindicatos norteamericanos. Sin embargo, este respaldo no significa protección alguna: el principal organizador del centro, Aminul Islam, fue asesinado el año pasado..

Dan Mozena, embajador norteamericano en Bangladesh, declaró a la BGMEA en junio pasado que si se observaba que ignoraban los derechos laborales, eso podía "acabar creando una tormenta perfecta que supusiera una amenaza para la marca Bangladesh en Norteamérica".

La reacción del norte global al último "accidente" de Bangladesh ha consistido en hablar de boicots: romper la cadena del producto en el punto del consumo. Pero eso no basta. Lo que se necesita es un apoyo sólido a los trabajadores conforme intentan levantar sus propias organizaciones en el punto de producción. La presión sobre los gobiernos del Atlántico norte que sobreprotegen a las empresas multinacionales permitiría crear un espacio vital para los trabajadores, que sufrirían, si no, toda la ira de las empresas que envuelven su represión con el almibarado lenguaje del trabajo duro y las tasas de crecimiento.

Los bangladeshíes son bien capaces de organizarse sindicalmente; lo que necesitan es respaldo político para poder hacerlo. Lo que se necesita asimismo es una nítida oposición, no a este o ese minorista sino al sistema que produce bolsas de economías de bajos salarios en el sur con el fin de alimentar un sistema de consumo impulsado por la deuda en el norte. Ninguno de nosotros está en contra de las conexiones globales, pero ya es más que hora de que pongamos la cabeza a trabajar para rechazar esta globalización neoliberal.

Vijay Prashad es profesor de Historia del Sur de Asia en el Trinity College de Connecticut (EE.UU.). Entre sus libros se cuentan The Darker Nations: a People´s History of the Third World, Arab Spring, Libyan Winter, y muy recientemente, The Poorer Nations: a Possible History of the Global South (Verso).

The Guardian, 30 de abril de 2013


 Traducción y selección de los tres últimos artículos para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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sábado, 4 de mayo de 2013

el horizonte venezolano: Análisis de Íñigo Errejón

Buenas tardes:
Aquí las reflexiones del compañero Iñigo Errejón, colaborador habitual de La Tuerka, hablando sobre el horizonte político venezolano y los nuevos retos de la izquierda para conseguir organizar un verdadero poder popular, real y efectivo, con el que fomentar la justicia y la solidaridad.

La única forma de acostumbrarse a esa conformación de poder es la implicación activa para actuar en post de unos objetivos.

Gracias a todos.

El negocio del gas amenaza con 'fracturar' España

Buenos días: Aquí dejo este texto sobre el tema del frackin, que ha compartido el compañero Gregorio Gil desde su blog, en este enlace, y cuya visita atenta y frecuente recomendamos:
http://econolib2.blogspot.com.es/

El 'fracking', una polémica técnica de extracción de hidrocarburos, se prepara para instalarse con fuerza en la Península.
Los ecologistas advierten de la posible contaminación de acuíferos y la expulsión de gases nocivos para la salud.
El Ministerio de Industria se muestra favorable a su práctica, y ha concedido más de 80 permisos de investigación, algunos a empresas que ya practican la fractura hidráulica en Estados Unidos. 
Pozo de fracking para la extracción de gas.
Pozo de fracking para la extracción de gas.pepitas doradas ni de petróleo, los dos tesoros que históricamente han alimentado el sueño de hacer un pozo en la tierra y desenterrar una fortuna. El objeto de esta fiebre –así como su sostenibilidad y rentabilidad, aseguran sus detractores– es más bien etéreo, gaseoso. Un informe del Consejo Superior de Ingenieros de Minas asegura que España esconde bajo tierra recursos de gas natural para 39 años de consumo. ¿El problema? Sólo es posible extraerlos a través del fracking, una controvertida técnica que puede causar serios daños medioambientales.
El Gobierno español ha autorizado en los últimos años unos 85 permisos de investigación (el paso previo a una licencia de extracción de hidrocarburos) a empresas españolas e internacionales, incluyendo algunas que practican esta técnica en Estados Unidos, donde ya hay informes y denuncias por contaminación del agua y el aire en las zonas de explotación. La mayor parte de las prospecciones se encuentran en las cuencas vasco cantábrica, del Ebro o del Guadalquivir. El ministro de industria, José Manuel Soria, se mostró la semana pasada "a favor"  de permitir el fracking, siempre que cumpla los requisitos medioambientales. Su ministerio incluso modificó una ley para incluir esta práctica, que se no se ha autorizado en otros países con yacimientos aún mayores que el español, como Francia y Bulgaria.
El fracking consiste en cavar pozos de entre 2.000 y 5.000 metros de profundidad, a los que se les inyecta a altísima presión una mezcla de agua, arena y químicos, que hace estallar las rocas donde está atrapado el gas, liberándolo. El peligro que advierten las asociaciones ecologistas es que estas sustancias pueden contaminar la tierra y las reservas de agua. "A veces se recupera un 80% de los agentes químicos, a veces sólo un 15%", explica Francisco Ramos, de Ecologistas en Acción. La Plataforma de Municipios libres de fracking, que ya suma un centenar de localidades, asegura que las explosiones pueden generar movimientos sísmicos, y que el agua que se extrae junto con el gas es altamente tóxica y no está claro cuál es su destino. En investigaciones realizadas en Estados Unidos se mencionan también las posibles emanaciones de benceno, un gas considerado cancerígeno.
Un pozo explotado con la técnica del 'fracking'
Un pozo explotado con la técnica del 'fracking'
Lo que para algunos es, controlando los efectos medioambientales, una oportunidad de negocio para el país –el informe de los Ingenieros de Minas habla de "oportunidad de futuro" que podría "crear miles de puestos de trabajo y reducir la notable dependencia energética" española– para otros supone someter a la población a un peligro innecesario. El parlamento de Cantabria aprobó hace unos días la prohibición total del fracking en su territorio, un camino que está previsto que siga también Asturias. En Cataluña se rechazó la propuesta de ICV de vetar esta práctica, aunque se dio el visto bueno a la creación de una comisión de investigación sobre sus posibles efectos nocivos. Y hay iniciativas similares en La Rioja y Andalucía. Sin embargo, con la disposición que modifica la Ley de Hidrocarburos para incluir el fracking, la regulación estatal se impondría sobre las autonómicas. "Una vez que sea legislación básica del Estado español, afectará a todas las comunidades autónomas", reconoció el ministro Soria el pasado 9 de abril.

La herencia Bush

Que George Bush hijo y Dick Cheney dirigieran el destino de Estados Unidos entre 2001 y 2009 sin duda cambió el mundo. Y no sólo por la guerra de Irak. Las mismas petroleras que se enriquecieron con los millonarios contratos en Medio Oriente también obtuvieron de ese Gobierno republicano carta blanca para exprimir un gran negocio en territorio norteamericano: la extracción del llamado gas no convencional.
El entonces vicepresidente Dick Cheney había pasado, sin escalas, de principal ejecutivo (CEO) de la petrolera Halliburton a la Casa Blanca. Y con el lobby petrolero más cerca del Gobierno que nunca las compañías lograron en 2005 que el fracking quedara expresamente excluido del control de la EPA, la Agencia de Protección Ambiental estadounidense. Los pozos y las explosiones se multiplicaron por todo el país. Y también las denuncias. Halliburton, que hoy es una de las principales proveedoras mundiales de tecnología para esta práctica, se encargó de llegar a acuerdos económicos con todos los demandantes, manteniendo el asunto fuera de los tribunales. 
Pero diversos estudios señalan ya consecuencias ambientales visibles. Por ejemplo en Pensilvania, donde se ha detectado contaminación en los acuíferos por la fuga de metano, empeoramiento de la calidad del aire y efectos negativos en la salud provocados por sobre todo por el exceso de benceno. El documental Gasland muestra cómo habitantes de Dimock, Pensilvania, podían incluso prender fuego al agua del grifo de sus casas. Los proyectos de explotación mediante fractura hidráulica en Nueva York se han dado de bruces contra la movilización del mundo del arte y el cine, cuyos argumentos han llegado hasta Hollywood. El actor Matt Damon, miembro de la plataforma Artists against fracking, creada por Yoko Ono y su hijo Sean, es coguionista y protagonista de Tierra prometida, un filme sobre la proliferación de esta técnica que se estrena el 19 de abril.  
Si en Estados Unidos el fracking lleva años practicándose, en Europa es casi un desconocido. Sin embargo, las reservas del continente son un atractivo evidente para las multinacionales petroleras, que ven mermar el rendimiento de los pozos norteamericanos, y se han dedicado a investigar y hacer prospecciones en varios países. "El rendimiento puede bajar hasta un 80% en el primer año. Por eso se necesitan cada vez más pozos para mantener la producción", explica Francisco Ramos. 
El Parlamento Europeo ha reconocido en un informe ambiental posibles los posibles efectos adversos de las fracturas hidráulicas si no se practica en un marco de exhaustivo control, algo para lo que la misma UE ha detectado al menos 36 lagunas legales que sería necesario corregir.
Mientras el mapa local de la fiebre del gas se puebla de puntos donde las empresas buscan el preciado oro gaseoso oculto bajo la tierra, las asociaciones medioambientales –y las películas de Hollywood– advierten de que un negocio de poco recorrido temporal puede, cuanto menos, cambiar para siempre el paisaje español.